¡Cojonudo! Si ya quedaban pocos sitios donde pasear con tranquilidad sin que te atracaran, te atemorizaran, te encontraras con borrachos, con niñatos o con niñatos borrachos, a partir de ahora ya ni un bañito en el mar nos podremos dar.
Parece ser que el ejercito de delfines de los Estados Unidos se ha escapado. ¿Ejercito de delfines? Si, señores mios. Ya desde los tiempos de la Guerra Fría los EEUU han estado entrenando delfines para hacer misiones de reconocimiento, de busqueda de minas y ¡oh, dios! de ataque a submarinistas. Para ello, los tenían equipados con dardos envenenados que adormecen al objetivo.
Los pobrecitos delfines estaban encerrados en sus bonitas jaulas, pero con la llegada del Katrina se ve que el cuidador se hizo caquita encima y salió corriendo, no fuera que le pillara por allí. Dicen las malas lenguas que cuando iba por la autopista a 170 km/h intentando escapar del huracán se le oía decir: “mmmm, creo que me dejo algo… si, si, seguro… ¿me habré dejado la luz del comedor encendida? ¿a ver si no he cerrado la llave del gas?” En realidad, lo que se había olvidado es de cerrarle la puerta a los delfines, asi que estos, ni cortos ni perezosos se largaron de allí pitando, tu dirás.
Y ahora tenemos un mini-ejercito de delfines soldado paseándose por dios sabe donde con pistolitas de dardos en la espalda. Menos mal que el delfín es la segunda especie más inteligente del planeta, por delante de la mayoría de hombres, de la mayoría de mujeres y de todos los soldados, menos uno que plegó al ver de que iba todo eso. Sino aun nos encontraríamos casos de delfines disparando a quemarropa contra inocentes bañistas londinenses (ay, que en Londres no hay playa) por sospechosos de terroristas.
En fin, no se ustedes, pero a mi, que ya me gustaba poco la playa, me van a ver poco bañandome en el mar a partir de ahora. Y es que soportar niños jodiendo con la pelota, señoras que nunca deberían haber aprendido la palabra topless, imbéciles con el reggaeton a todo trapo y cañas a cinco euros en el chringuito tiene un pase. Pero que venga a tocar lo que no suena un delfín, con lo monos que son, por ahí no paso.
Por cierto, supongo que esto le dará un nuevo significado a ese estúpido jueguecito de “hacer el muerto” en el agua, en el cual más de uno debe haberse ahogado.