¿Queremos seguridad? ¿O qué nos dejen en paz?

Genial la noticia vista en meneame, que viene de Hispasec en la que se nos explica un experimento hecho en Londres. El tal experimento, aunque si queréis tenerlo mejor explicado en Hispasec lo explican muy bien, se trataba de regalar un CD por la calle a gente que fuera al trabajo diciéndoles que llevaba información sobre una oferta del día de los enamorados.

Explican que entre las compañías desde las que se ejecutó el programa que había en el CD, que identificaba desde dónde se hacían las ejecuciones, hay grandes empresas y bancos, aunque en la carátula del CD avisaban del peligro de instalar programas de terceros y que seguramente iría en contra de las normas de la empresa.

Pero la gente no sé de qué se extraña, si cuando instalan un Windows, o cualquier otro programa, pirata lo único que tienen que hacer es darle a aceptar e introducir ese largo y engorroso código que no sirve de nada. Nadie se lee las condiciones en las que instalas los programas, probablemente si algunos se las leyeran no solo no instalarían el sistema o programa, si no que pedirían que les cambiaran el ordenador por si ya han entrado en él.

Pero la cosa cambia cuando la seguridad reduce libertades en nombre de la protección al menor como bien apunta John Rolph en su Diario de un Rocker.

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