Una casa de putas

De manera explícita, y en una rima por cierto bastante cursi, un poeta español afirmaba que la vida es el argumento por excelencia de la poesía. Se trata de una tesis poco discutible, puesto que la vida es la mejor creadora de metáforas, la más original y certera; ella reúne lo que ha de estar unido y separa lo que debe estar aparte. Nos contentaremos con una pequeña muestra de este fenómeno, con un ejemplo tal vez más prosaico de lo que nos gustaría pero, al fin y al cabo, suficientemente representativo.

Llega a sorprender lo masificados que están los alrededores de las universidades cuando el cielo de la ciudad ya se ha puesto oscuro, o al menos todo lo oscuro que la contaminación lumínica le permite. A esa hora en que los aparcamientos deberían estar vacíos, las calles desiertas, y casi todos los funcionarios y estudiantes descansan ya en sus casas de la dura jornada escolar, algunos coches anónimos y algunos cuerpos sin nombre cubren calzadas y aceras, abriendo sin reparo las puertas de su particular mercado negro. Los clientes acostumbran ser hombres con traje y corbata. Ellas, en cambio, y aunque sea pleno invierno, llevan apenas un abrigo, preocupadas por mostrar escrupulosamente el género puesto en venta. Muchos de ellos serán empleados o funcionarios de vida gris, monótona, sin estridencias ni disonancias; algunos quizá de envidiable posición, con una mujer hermosa e inteligente y tal vez hijos que sean su vivo retrato. ¿Por qué recurren a eso?, podemos preguntarnos. La respuesta de la mayoría es algo tan obvio como esto: el olvido; sin embargo, de tan esperable resulta increíble

3 Comentarios to “Una casa de putas”

  1. adri dice:

    Fumetas alegres ya invitan a su perro a las clases en las que hay debates, porque quizá los canes sean ya los seres pensantes que quedan en el planeta.

  2. adri dice:

    bellas artes es la casa de putas por excelencia.

  3. adri dice:

    Dos contratistas vieron un terreno y pensaron: ¿Que construimos aquí, una casa de putas o una facultad? -Una facultad, -contestó el otro-, que sirve para lo mismo y hace de moderno para la ciudad, chato.