Visto que no ha habido ningún comentario, como ya predije (me podría hacer como Juan Dámaso, el vidente cachondo), he creído que el lunes es un buen día para los posts. Así que aquí tenéis el primero.
Esta semana sucederán dos actos en los que los políticos pueden cambiar algo las cosas. Lo sé, ni yo me creo lo que acabo de poner, si me lo creyera me empezaría a parecer a Jiménez Losantos. A lo que vamos, estos dos eventos son: la cumbre del G-8 en Gleneagles (Escocia) y la votación para aprobar la directiva sobre las patentes de software en Europa.
En el primero, se reúnen los presidentes de los países más ricos del mundo para decidir que hacen con toda la pasta que tienen. Este fin de semana, Bob Geldof, ha intentado revivir el espíritu del famoso Live Aid de 1985 con la organización del Live 8 en 10 ciudades de todo el mundo. El concierto más multitudinario ha sido el de Londres donde actuó gente como U2, Paul McCartney, Pink Floyd (con reunión de los miembros originales incluida), Sting, Robbie Williams, Velvet Revolver, etc. Este concierto ha de servir para concienciar a la gente que la situación en ífrica debe y puede solucionarse, que lo consiga o no ya es otro tema. Mucha de la gente que va al concierto, simplemente hace eso, ir a un concierto y la razón por la que se organiza probablemente le suene de algo pero no de mucho (y puede que a alguno de los artistas que actúan tampoco le suene).
Todo el mundo se pregunta si un evento de este estilo es realmente útil, pues la respuesta es bien fácil: depende de lo que se quiera conseguir. El Live Aid de 1985 recaudó 100 millones de dólares, que no es poco, pero con esa cantidad no se consigue nada tal y como está la situación. El Live 8 puede recaudar 1000 o incluso más, pero tampoco es suficiente. Solo la deuda que se condonó en la cumbre de preparación para la que empieza el miércoles en Gleneagles (aunque dudo seriamente que los países del G-8 condonen la deuda sin más, ya que para la condonación de la deuda se exige, cito textualmente, “transparencia y estabilidad económica†en las instituciones para atraer inversores privados, evidentemente extranjeros para seguir robándoles lo que es suyo) ya era de 40 mil millones de dólares. Además el problema de los países pobres no es solo la deuda, ni los intereses que ésta genera, también está el problema que no tienen una capacidad de desarrollo económico ni de generación de riqueza (y eso que algunos países son ricos en diamantes, oro, etc.), y mientras no consigan tenerlo no podrán empezar a dejar la pobreza atrás.
Los analistas políticos y los propios políticos dicen que estos eventos generan falsas esperanzas, ¡no te jode!, como saben que ellos no van a hacer nada para solucionar el problema, dicen que crea falsas esperanzas. Es muy fácil adivinar el futuro cuando sabes que el futuro depende de ti. Como dice El Sobrino Del Diablo en su canción Ricardito: “Todos los políticos son unos cabrones / Todos los políticos sin excepción / Y si alguno tiene buenas intenciones / se olvida de ellas tras la votaciónâ€Â.
En el segundo tema a tratar, el de las patentes, no me voy a extender tanto como en el primero, pero no por eso es despreciable. Las patentes de software, que aunque parece que es un tema que solo ha alertado a la comunidad de Internet, son un peligro para conseguir una sociedad de conocimiento, como se llenan la boca algunos políticos (o políticops, ya que se dedican más a vigilarnos que a luchar por nuestros derechos), ya que puede hacer que para crear un software que pueda ayudar a la gente a facilitar su tarea en el trabajo, en su casa, o donde sea, debas pagar a una multinacional que ha patentado esa manera de hacer las cosas.
Por poner un par de ejemplos, en Estados Unidos, Amazon patentó el método de compra “one-clickâ€Â, con el que la tienda on-line al tener tus datos (el cliente los ha rellenado previamente) podía rellenar el formulario y realizar la compra con un solo click del ratón. Pues bien, por esta patente todas las tiendas de Internet que quieran aplicar este método a su compra on-line, deberán pagar a Amazon.
El segundo ejemplo es algo distinto, pero deja claras las situaciones a las que podemos llegar si se aprueba la directiva de las patentes: podemos leer en el NY Times, a través de Kriptópolis, que un personaje llamado Leo Stoller ha enviado varias cartas a empresas, que usaban la palabra ‘stealth‘ para su publicidad o productos, diciendo que él tiene la propiedad de esa palabra y que le tienen que pagar o cambiar esa palabra. En muchos casos las empresas, probablemente las multinacionales, han llegado a un acuerdo para pagarle a este tipo, y en otros se ha llegado a juicio (como en el que está ahora contra Sony por una película que va aparecer próximamente que se llama ‘Stealth‘).
Mi pregunta es, ¿cómo puede ser que una persona posea una palabra?, o ¿cómo puede ser que un método para facilitar las cosas al comprador de una tienda on-line lo posea un cierta tienda?, y así nos podemos preguntar muchas cosas que pasarán a ser propiedad de ciertas empresas aunque no sean ni las creadoras, y aunque lo sean, son cosas que no debieran poderse patentar.