Diálogos Escróticos (VII)


Después de arduas investigaciones, hemos conseguido la traducción completa de otro de los diálogos escróticos.

Una vez más, podemos descubrir las mentes de los grandes filósofos de la antigua Grecia y aprender de esos conocimientos que nos han legado desde hace ya muchísimos años.

Dédalo de Rabanos: Gracias por recibirme a estas horas tan tempranas para tí, gran Kondonus.
Kondonus de Esparta: Cierto es que normalmente no suelo estar despierto cuando el sol está en sus más altas cotas, pero ayer me acosté temprano, pues no lo hice solo; pero que te voy a decir a tí, Dédalo, si ya sabras que era tu hermana la que me acompañaba en mi alcoba.
D: Creía que nunca nos íbamos a sacar a mi hermana Apogéa de encima. Mi querido padre pensaba que teniendo 53 años ya nunca se iba a ir de casa.
K: Calla, desgraciado! No pienso permitir que eso que tu llamas hermana venga a vivir conmigo. Pero deja ya de decir tonterias y explica el motivo que te trae a mi humilde morada.
D: Perdón, maestro, no era mi intención ofenderte. En fin, el hecho que me trae hasta aquí es que el Oráculo me reveló una frase, seguramente llena de sabiduría, pero que yo no he podido llegar a comprender.
K: Normal, pues tus entendederas son bien limitadas, incluso si las comparas con un simple camello del desierto, así que dime cual fue la revelación del Oráculo para que yo pueda simplificarla de forma que tu poca capacidad de raciocinio sea capaz de captarla.
D: La frase en cuestión fue “No permitas que los ojos juzguen”. ¿Qué quiso decirme con esto?
K: Cualquiera que pudiera pasear por la calle sin hacerse sus necesidades encima, cosa que no es tu caso, sería capaz de ver el sentido de esa sencilla sentencia. Deja pues que te ilumine con mi sabiduría y te transmita el sentido de esas palabras.
D: Habla, oh maestro.
K: Dime, Dédalo, ¿qué es aquello que todos los hombres creen poseer?
D: ¿Un pene enorme?
K: No, imbécil! Aparte de eso!
D:
K: ¿No es cierto que todo hombre, en su fuero interno, cree tener la razón de su lado, la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre el bien y el mal, entre el ying y el yang(*), entre el fu y el fa?
D: Cierto es, maestro.
K: Y si uno posee la razón, ¿de qué manera puede aprehender el mundo exterior para decidir si lo que acontece es bueno o malo?
D: ¿A través de los sentidos, gran Kondonus?
K: Vaya, es la primera cosa con sentido que dices desde que has llegado. ¿Y cuál es el principal de esos sentidos?
D: No lo se, maestro, dimelo tú…
K: Es bien claro, torpe abrevador de mulas, que el sentido más importante es la vista. Deja que te muestre un ejemplo donde esto queda bien patente.
D:
K: ¿No es cierto que tú sentirias cierto repelús en el improbable caso de que yo te practicara una felación?
D: Mmmm, no se, maestro, tal vez…
K: Cierra la boca, degenerado, me estas destrozando el ejemplo. Te digo yo que sentirias cierto repelús viendo mi calva cabeza entre tus piernas. En cambio, si no dispusieras de tu sentido de la vista, cosa que podría acontecer si cerraras los ojos o yo te los arrancara con una cucharilla, lo cual me estan entrando ganas de hacer, no podrías distinguir si quien está allí abajo soy yo o una ninfa enviada por los dioses.
D: Cuanta razón tienes, como siempre…
K: Como ves la vista es el más importante de nuestros sentidos. Y puesto que la vista se desarrolla a través de los ojos es de pura lógica que los ojos son el instrumento que los hombres hacen servir para juzgar a sus semejantes y a los actos que cometen. Y aquí tienes la explicación a la revelación del Oráculo.
D: No niego que tengas razón, maestro, pero sigo sin entender porque el Oráculo me dijo a mí, un simple aprendiz de aprendiz, un estúpido esa sentencia.
K: Ay, Dédalo, cuanto te queda por aprender. ¿No recuerdas ya que la semana pasada tus vecinos te encontraron en la granja de Agagmenón sodomizando a una de sus ovejas?
D: Sí, bueno, es que…
K: Ante mí no tienes que justificarte, Dédalo, pues yo apruebo tales prácticas y como yo, así opina el Oráculo, de ahí el sentido de la frase “No permitas que los ojos juzguen”, especialmente los ojos de los demás y sobretodo en un asunto como ese, de la incumbencia tan solo de esa oveja y tuya.
D: Ahora lo voy entendiendo, Kondonus.
K: Aun hay más, pues es bien sabido que en tiempos inmmemoriales los sabios ya conocian el proverbio: “Que importa la especie si el amor es puro”. Vayamos pues a la dicha granja y trincame a esa oveja que hoy va a saber lo que es una lección de filosofía aplicada.
D: Vamos pues, gran maestro.

Diálogos Escróticos. Libro III. S. IV a.C.

(*) N.T.: En el original eimos y yaimos. Aunque en la época en que este diálogo fue escrito no conocían el concepto de ying y yang hemos optado por esta traducción ya que es la que mejor refleja el sentido original de eimos y yaimos tal como lo entendian en la Grecia antigua.

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