British Museum rides again

Dialogos
Tras nuestro viaje a Londres, conseguimos robar unos documentos correspondientes al legado artístico y filosófico de la antigua Grecia que Inglaterra robó en cuanto tuvo una ocasión.

Estos documentos nos ilustraban un encuentro entre dos personajes, el ya conocido Escrotos de Tebas y Filón de Copros acontecido el año 312 anterior nuestra era.

Filón de Copros: Y no entiendo, Escrotos, cómo afirmas tal cosa cuando el común de los hombres niega con sus actos la verdad de lo que dices.
Escrotos de Tebas: Buen Filón, lo que yo digo es cierto en la medida en que las cosas son ciertas para unos y falsas para otros, nada más.
F: Eso no es cierto, pues como sabes la inmutabilidad de los números y la desagradabilidad del olor de los perro mojados son universales, así como los son la belleza de los templos antiguos y las pinturas de Parrasio para todos y en todo lugar.
E: Lo que me dices, Filón, parece ser cierto si hacemos caso de lo que dicen el común de los hombres. Pero bien sabes que los hombres dicen hoy cosas que mañana niegan sin pudor alguno y afirman entonces que lo que dijeron no fue tal sino otra cosa distinta…
F: Eso hacen algunos hombres, los que no tienen principios y los que no han contemplado verdad alguna y creen que lo que por ellos ha sido dicho o pensado tiene valor aun y cuando no lo tiene en absoluto.
E: Veo que empiezas a entender con esfuerzo lo que pretendo decirte desde hace ya demasiado rato, y es que tal y como te decía, no creo que lo que unos llaman diversión lo sea, del mismo modo que no creo que exista diversión alguna que plazca a todos los hombres.
F: Entonces, oh sabio, ¿no crees que el placer que siento cuando escucho las palabras del actor que estos días actúa en el teatro de Dionisos sea universal, a pesar de que todos los que al teatro acuden rían y salgan alegres y convencidos de haber visto un grato espectáculo?
E: No, no lo creo.
F: ¿Y en que basas tu incredulidad, buen Escrotos, cuando ni siquiera has visto la actuación y escuchado las palabras de las que te hablo?
E: Amado Filón, alumno casual y poco atento de mis lecciones, te diré en qué baso no sólo la incredulidad a tus palabras sino sobre qué puedo fundamentar la verdad de las mías mediante un ejemplo simple, acorde a la luz que ilumina tu alma y a la torpeza del auriga que guía tu intelecto.
F:
E: Imagina, si es que ello te resulta posible, una reunión de ovejas dotadas de la maldición de la palabra…
F: Ello no es posible, sabio…
E: Tantas cosas parecen imposibles y son, Filón, que una más no debería angustiarte, sobre todo cuando tras ella se puede esconder la redención de tu pobre espíritu de la ignorancia más absoluta… pero sigue escuchando y no me interrumpas. Imagina, decía, una reunión de ovejas parlantes que se divierten contemplando, pongamos por caso, el vuelo de una mosca, y luego que una de dichas ovejas se encuentra contigo una mañana y te comenta lo entretenido de su actividad, argumentándote además que ello es divertido universalmente en la medida en que no sólo ella sino todas sus iguales lo hallan así. Dime, ¿creerías lo que te dijera la oveja?
F: No, por supuesto.
E: ¿Por qué, Filón?
F: Porque sé que la observación del vuelo de una mosca no puede ser entretenido en absoluto…
E: Pareces entender, y sin embargo erras de nuevo. Date cuenta, Filón, que no creerías que en las palabras de la oveja no por ellas mismas, sino por el hecho de ser una oveja la que te dice tales palabras. Y es que, aunque todas las ovejas hallaran fascinante y entretenida la contemplación del cíclico cuelo de la mosca, tú seguirías sin creer que lo que ellas afirman como entretenido lo fuese en absoluto.
F: Eso es como tú dices.
E: Entonces, Filón, si hasta aquí has llegado realmente y no me has dado la razón sólo por no parecer tan corto como realmente pareces, entenderás que afirme que lo que entretenido, aunque lo parezca, no lo es necesariamente para todos, y que sin yo haber ido a escuchar las que tú dices que son divertidas palabras pueda afirmar que no puedan ser divertidas ni entretenidas de manera absoluta, pues si a ti y gente como tú placen, difícilmente podrán agradarme a mi…
F: Pero, Escrotos, en el ejemplo que anteriormente pusiste para explicarte, decías que era una oveja la que me hablaba, y en el caso presente somo iguales los que hablamos, como a nosotros lo son los que visitan al actor e incluso el actor mismo…
E: Mi querido Filón, no dejas de sorprenderme en tu brevedad, a pesar de que estimo a tu padre y procuro olvidar lo que la gente dice de tus facultades. Y es que si puse un ejemplo en el que maravillosamente hacía hablar a las ovejas con los hombres, lo hice justamente para que te percataras de que las apariencias engañan, y es que a pesar de las semejanzas en las partes y en el conjunto y de la similitud en el porte, no todos los hombres son tales respecto a su alma, y los hay que pareciendo hombres son cerdos debido al motor de sus pasiones, o leones por la ferocidad de sus instintos, u ovejas por la levedad de sus ideas y la simpleza de sus intuiciones.

Escrotos de Tebas, Diálogos Escróticos. Libro III, De la miel y el asno, 312 a.C.

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