Diálogos Escróticos V: Escrotos y Mikciones

Logo Ligre
Hoy vuelven vuestros héroes de la antigua Grecia, las nuevas aventuras de Escrotos de Tebas con un nuevo personaje mitológico: Mikciones de Tinos. Como siempre es una pequeña historia contada a modo de diálogo entre dos personajes con signos claros de problemas mentales graves, pero con una gran sabiduría.

Mikciones de Tinos (corriendo por un camino): -¡Escrotos!¡Noble Escrotos!
Escrotos de Tebas: -¿Quién me llama?
M:- Soy yo, Mikciones de Tinos, el hijo de Escápulas Microcéfalo…
E:- ¡Ah, Mikciones! Te recuerdo… Hace años que no tengo noticias de tu padre. ¿Cómo le van las cosas?
M:- Murio, noble Escrotos, de peritonitis…
E:- ¡Ah, ya le dije muchas veces que no se fiara de él…!
M:-…
E:-Bueno, joven Mikciones, ¿qué haces aquí, tan lejos de tu casa, hablando con este viejo?
M:-He venido a Atenas solicitado por mi amigo Linternas…
E:-¿Te refieres a Linternas de Faros, hijo de Leucocitos, gobernador de Corintio?
M:-El mismo.
E: -Pues acompáñame y hablemos de él y de la causa de tu estancia entre nosotros; sabes bien de mi afición por los asuntos ajenos…
M:- De acuerdo…Por cierto, ¿hacia dónde diriges tus pasos?
E:-Voy a casa del viejo Axilas.
M:-¿Axilas?¿No ha sido él recientemente expulsado de la ciudad por el Gobierno, acusado de palabras blasfemas y actos innobles?
E:-Así es, veo que las buenas noticias vuelan…
M:-Entonces, ¿por qué vas a su casa?
E:-Voy a casa de Axilas a ver su mujer.
M:-Ah, bueno…
E:-En fin, vamos al caso que nos pertoca, o llegaremos a la casa de Axilas sin haber comentado el asunto que afecta al ridículo Linternas…
M:-Cierto. El motivo de mi visita a Atenas es la solicitud de consejo que me ha remitido Linternas, y es que se halla en una situación en la que debe optar entre dos opciones…
E:-Prosigue antes de que me aburra…
M:-Pues bien, no sé si sabrás que hace no mucho ha llegado a la ciudad un rumor según el cual en la cercana isla de Poros se ha fundado una nueva escuela de sabios, y que los miembros de la misma lucen como distintivo impolutas togas blancas, y que se dice que el mero hecho de portar dicha toga infunde en el portador una autoridad irrefutable y un enorme atractivo para con hombres y mujeres…
E:-Sí, algo he oido de lo que me cuentas…
M:-Siendo esta situación conocida por Linternas, y habiéndole sido ofrecida una toga y un puesto entre los miembros de la nueva escuela, una duda le asalta y por ello pide consejo.
E:-No entiendo dónde está el dilema de Linternas…
M:-Pués su dilema es este: continuar su vida como si la oferta nunca le hubiese sido realizada e intentar obtener la autoridad y el reconocimiento por medios propios, o bien aceptar la oferta y lograr así el aplauso y el asentimiento de todos sin esfuerzo, e incluso algún que otro encuentro amable con los jóvenes que, deslumbrados por la toga, pretenden un mayor y más cercano contacto con sus portadores…
E:- Sigo sin comprender la duda de Linternas, Mikciones, y si fueses tú un poco más brillante de lo que en vida fue tu padre, tampoco verías dilema alguno. Y es que siendo Linternas un hombre ridículo y estúpido como es, la única vía razonable y buena para él es que acepte sin dudar la oferta que le hacen y se enfunde la toga sin pudor alguno…
M:-No te entiendo, Escrotos. Tú siempre has defendido ante los que te han escuchado que el respeto y la admiración son algo que uno debe sembrar en los otros a través de sus actos y sus palabras, y que es despreciable aquél que sin sembrar recoge los frutos que otros plantaron, y que además es de necios pretender el aplauso de los que, como los monos, sólo admiran aquello que no comprenden…
E:-En primer lugar, buen Mikciones, que yo diga en público algo no significa en absoluto que yo lo piense, pues como tu padre bien aprendió, mis pensamientos sólo los conozco yo y con nadie los comparto. En segundo lugar, y dando por buenas las afirmaciones que tú me atribuyes, deberías entender que yo hablaba en tal caso de un hombre respetable que hiciese tal cosa y no de un hombre despreciable que hiciese lo mismo.
M:-No te entiendo. ¿No es acaso la misma acción la que llevan a cabo el uno y el otro?
E:-Sí, Mikciones, la acción es la misma pero no tiene las mismas consecuencias. Si yo recomiendo a un hombre casado que vigile a su esposa, y luego le recomiendo lo mismo a un hombre soltero, ¿no crees que mi advertencia es insensata en el segundo caso y válida en el primero?
M:- Pues sí, ya que el segundo hombre no tiene esposa a la que vigilar, y por tanto la advertencia no va con él…
E:-Entonces, ¿no entiendes que mi advertencia puede no tener nada que ver con Linternas, y que la misma afecta únicamente a los hombres que son admirados y no a aquellos que nunca lo fueron y que, por tanto, no pueden dejar de serlo?
M:-Ah, veo por donde van los flechazos…
E:-Permíteme que lo dude, Mikciones, y déjame continuar. Y es que Linternas, siendo cojo, bajo, vulgar y tan o más estúpido su padre, ciertamente no va a tener muchas oportunidades de ser respetado y admirado, y ninguna si debe confiar en sus propios medios. Así, lo más bueno y razonable para él es que acepte la toga y disfrute de los placeres que con ella le serán brindados, y haga oidos sordos a palabras como las mías, que aun y siendo ciertas, nunca irían dirigidas a palurdos como él…
M:-¡Oh, sabio Escrotos, no sólo eres un hombre de talento y un orador brillante, sino también un personaje sin escrúpulos ni principios…!
E:-No olvides que además poseo otras virtudes, como lo son gran fortuna, un pene enorme y el haber sido un notable lanzador de disco y un buen luchador, y que llegado el caso, cualquiera de ellas puede sacarme de un apuro frente a alguien más hábil en la oratoria que yo…
M:-Así es, Escrotos.
E:-Pues ale, que hemos llegado a casa de Axilas y tengo otros asuntos que atender.

Escrotos de Tebas, s. IV aC.
Diálogos Escróticos, Libro III, 235a-236b

Los comentarios están deshabilitados.