Diálogos Escróticos IV

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Hoy vuelven vuestros héroes de la infancia, los míticos Axilas el Viejo, Escrotos de Tebas, Bálano de Mileto y un nuevo personaje para hoy: Sobón de Paros. Esperemos que disfrutéis de la última (por ahora) edición de los diálogos escróticos.

Sobón de Paros: Buenos días, Escrotos. Hace tiempo que no te veía…
Escrotos de Tebas: Buenos días, Sobón. Es cierto lo que dices, pues he estado una temporada fuera de la polis, en casa de un amigo, en Pyrgos…
S.: Ah, bien. Oye, quería hacerte una pregunta…
E.:Realmente, buen Sobón, el motivo por el que marché de mi amada Atenas fue justamente el verme siempre acosado por las preguntas de necios y rufianes ociosos que buscaban en mis respuestas a sus preguntas un entretenimiento…
S.: Es cierto, Escrotos. Pero deja que te pregunte…
E.: …
S.: Me dijo un amigo, al que un amigo suyo le había dicho a su vez, que hace unas semanas te vieron cerca de la casa del viejo Axilas, con una calabaza bajo el brazo, cantando una canción de letra obscena, oliendo como un animal enfermo y con la mirada perdida, como si la de un oráculo se tratase…
E.: …
S.: Pues me preguntaba qué es lo tú que hacías, hombre serio y de talante aburrido, de tal guisa, cerca de la casa de un sabio de reputada fama como es Axilas.
E.: Sobón, hijo de Koprófilos, desde luego es bien cierto lo que dicen de ti por las calles de Atenas…
S.: ¿Qué?
E.: Sí, Sobón. Que tú y la mayoría de hombres de tu linaje sois necios y de poca talla, y que realmente los dioses os jugaron una mala pasada al hacer de vosotros seres de inteligencia par a la de las ovejas…
S.: ¡Malditos sean aquellos que me insultan e insultan a mi familia sin conocernos! ¿Quién mancilla mi nombre y el de los míos, Escrotos?
E.: Los mismos que dicen, según tu cuentas, que yo voy por ahí borracho y dando un espectáculo lamentable…
S.: ¿Cómo?
E.: Sí, Sobón. Los mismos que hablan de mi, esos son los que de ti y los tuyos comentan. Y es que, Sobón, más vale pensar bien lo que uno dice y a quién dice qué antes de abrir la boca, pues igual que uno va de caza, por el mismo camino va uno a ser cazado.
S.: Te entiendo, oh Escrotos, y es que siempre tu habilidad y la fuerza de tus palabras me vence y me descubre, pues queriéndo ofenderte, he sido finalmente ofendido…
E.: No tan deprisa, Sobón, pues aun no he acabado contigo. Y es que, como te decía, los que de mi dicen no mienten, y es que es cierto que, hace unas semanas, andúve cerca de la casa de Axilas, borracho, cantando canciones vulgares con una calabaza bajo el brazo…
S.: Ah…
E.: Y por tanto, los que te han dicho eso, no son mentirosos. Y no siendo mentirosos, he de decirte que lo que de ti dicen probablemente tampoco sea mentira, y si lo fuera, sería una mentira difícil de mantener en tal condición, pues cada uno de tus actos refuerza las palabras de aquellos que de ti y los tuyos hablan…
S.: Entiendo, noble Escrotos. Es mejor que calle y prosiga mi camino, y no hable de este encuentro…
E.: Así es, más vale.

Diálogos escróticos, Libro VII, 494a-496d

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