Diálogos Escróticos III

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Hoy os podreis tocar de placer leyendo el nuevo extracto de la obra maestra que influyó a genios como David Hasselhoff, Chuck Norris y Chiquetete entre otros muchos. Este extracto es una conversación entre el ya conocido Axilas (el Viejo) y un nuevo personaje Peleón de Safos.

Espero que lo disfruteis.

(…)
Axilas el Viejo: De lo que se deduce que todo lo que vemos es real en cuanto entidad que es y existe.
Peleón de Safos: Ello es como tu dices.
A: O sea, que no dudas de la esencia de esta silla ni de esta mesa de mármol en la que reposan nuestras copas, las que a su vez contienen este delicioso vino que estamos bebiendo.
P: ¡Dudarlo sería de lerdos, Axilas!
A: No te retrates tan pronto, Peleón, no tan pronto. De lo que se sigue que siempre crees lo que se muestra ante tus ojos.
P: En efecto.
A: Ya. A ver, ponte en situación, infeliz: ¿qué pensarías, si es que tal acción está a tu alcance, si vieras a tu monarca, el rey de Safos, llevando una bandeja de la plata más reluciente, con un pavo asado en ella? ¿Y si, además te percatases con tus propios ojos que el rey se muestra complacido y dichoso realizando esa tarea?
P: Eso no es posible, buen Axilas.
A: ¿Por qué no, Peleón?
P: Porque es indigno de los hombres maduros y nobles el ejercer tareas que naturalmente están destinadas a las mujeres y los hombres vulgares.
A: Te recuerdo que tu anciano padre, hombre que se decía maduro y noble, no hace demasiado, aun gustaba de pintarse como el mismísimo frontón del Partenón y corretear detrás de los jóvenes soldados del ejército tebano, cual ramera hambrienta y sin un dracma a fin de mes.
P: Estás en lo cierto, Axilas.
A: No hace falta que lo jures. Pero el asunto no es, por ahora, la pedofília de tu padre, sino el asunto del noble rey de Safos, que por cierto y según dicen, tiene gustos parecidos a los de tu progenitor. En fin, prosigamos: ¿si vieras a tu rey de tal guisa, qué pensarías?
P: Que he perdido la poca cordura que tenía, o que la ha perdido el mundo, o que debo dejar la retsina y empezar a asistir a las reuniones de Dionísiacos Anónimos*.
A: Esto es: no creerías lo que ven tus ojos.
P: Sí…digo, no.
A: Por tanto, dudarías.
P: Efectivamente.
A: Dudarías de lo que aparece ante tus ojos
P: ¡Qué sí, coño!
A: No me des la razón como a los locos, Peleón, que te la ganas…
P: ¡Nada más lejos de mi intención, sabio Axilas!
A: Pero sin embargo, date cuenta, no dudarías de lo que percibes, pues tus ojos y la luz que de ellos mana** sería la misma que ahora me desvela a tu mirar cetrino…
P: Sí, así es.
A: Luego de lo que dudarías sería de la imagen que ves en sentido figurado; de hecho, dudarías de tí, de tu eidolon o bien del espejo que en tu mente refleja lo real del mundo…
P: Creo que ya sé por donde vas…
A: Qué vas a saber tú, palurdo, que a duras penas sabes controlar tus esfínteres en presencia de otros…
P: Continúa, por favor, maestro.
A: Bien. Pues como te decía antes de que me interrumpieses, lo que no creerías si vieses a tu soberano sirviendo pavo rustido y con una sonrisa en el rostro, lo que no creerías, digo, sería que ?ello? pudiese ser cierto, no que ?ello? no fuese cierto y real ante tus ojos.
P: Eh…sí, así es.
A: Entonces, como bien podrás entender, lo que falla no es el objeto ni tu percepción del mismo, sino tu idea respecto a lo que es o debe ser el objeto. El rey-que-sirve-pavo es en cuanto que está-en-el-mundo, pero tú, Peleón, eres en cuanto que necio-sobre-la-tierra.
P: Entonces, oh sabio, lo que quieres decir sin decirlo es que los objetos son-en-sí y la mirada es-en-sí, pero la idea no es en sí sino según yo le doy forma a través del movimiento de mi espíritu…
A: No te entiendo, Peleón. Aun y sabiendo que responderé con sarcasmo e ira a cualquiera de tus afirmaciones, te atreves a intertar explicar lo que según tu pobre intelecto yo intento decir no diciéndolo… Eres estúpido, de ello no hay duda, y te aseguro que la cosa es así y no soy yo quien lo afirma, pues es la estupidez lo que mana de tu boca en su forma más pura con cada una de tus afirmaciones.
P: Oh, gran Axilas, tus palabras siempre me reconfortan.
A: Pues me alegro.

De los Diálogos Escróticos, Libro III, p. 332-337a

Escrotos de Tebas (373-301 aC.)

* Sociedad denéfica que durante el período clásico (s. V-IV aC.) se dedicó a la atención y cuidado de los enfermos de sífilis y alcohólicos en Atenas. N.T.
** Estúpida creencia griega. N.T.

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