Del ejército y los armarios roperos

Oficial y Caballero
En primer lugar, los armarios no son una etnia kosovar. Son muebles; los hay roperos, y los hay que no. En segundo lugar, el ejército no es una ONG (aunque en la tele, así se nos muestra); es un lugar en el que, a veces, ocurren cosas maravillosas…

En España, esa España de todos, existen tres instituciones que, por su talante democrático y patriótico, se alzan entre las demás con luz propia. No, no son “nobleza, clero y vulgo”: eso son estamentos, que también los hay (como las meigas). Son, a saber, la benemérita (de los dolores), la Pantoja y el Ejército.
A su vez, el Ejército, organización de ayuda a los desamparados y débiles de espíritu, se divide en tres ramas o branquias: Aire, Armada y Tierra Trágame.
Pues vale; ahora que somos unos segundos más viejos y unas neuronas menos sabios, hablemos del caso que nos ocupa, el del cabo segunda de la Armada Española (¿Invencible?) de nombre José Antonio Gordo Pantoja, natural de Cádiz y destinado en la Zona Marítima del Estrecho.
¿Quién es, se preguntará el perspicaz lector de tan burdas palabras? Pues ni más ni menos que un hombre, un soldado español, que por su particular condición ha sido llamado por la Historia a marcar un punto de inflexión en la noble institución que defiende nuestro reino…

El cuento sigue, como no podía ser menos, en uno de esos impagables artículos que ceban un diario de tan reputada fama y de tanta solvencia como es “El Mundo”, que por su calidad y buenhacer rivaliza en seriedad con “La Razón”, “El ABC” y “News of the World”. Por favor, este artículo ha sido redactado para lectores como usted. No deje de linkar a:

http://www.elmundo.es/elmundo/2003/11/12/sociedad/1068658428.html

Axilas el Viejo (275-234 aC)

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