Diálogos escróticos (I)

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Os presentamos otro colaborador que viene de la antigua Grecia para traernos la sabiduría en barritas fácilmente insertables por el ano. Se llama Axilas el Viejo y nos trae junto con Escrotos de Tebas la primera parte de los Diálogos Escróticos.

El Ligre, en colaboración con la Enciclopaedia Britannica, rescata del olvido un fragmento de los célebres “Diálogos escróticos” (s. IV a.C.) que nos recuerda que el pasado, si lejano, dos veces presente…


Escrotos: -¿Así que, según me cuentas, el príncipe de Salónica ha decidido desposarse con una hermosa joven que no pertenece a casa real alguna?
Sofista: -Sí, así es.
E: -¿Y realmente es hermosa, la joven en cuestión?
S: -Escrotos, no me jodas otra vez con lo de la belleza y lo bello y a qué refiero cuando digo que algo es bello, que tú y yo ya nos conocemos…
E: -No, hombre, no, que va en serio…
S: -Pues sí, es bella la plebeya; su peinado recuerda un poco al de la esposa del gobernador de Atenas, pero no es fea.
E: -¿Y dices que se casará con el príncipe de Salónica?
S: -Sí, así es.
E: -Pues ello me lleva a una duda, y es que si es bella como dices, lo cierto es que debe resultar apetecible a los hombres.
S: -Cierto.
E: -Y siendo yo hombre, y de los que ya no quedan, no es menos cierto que puedo desear tocarme pensando en ella.
S: -Cierto, pero no la has visto nunca…
E: -Gañán insolente, he dicho pensando en ella y no imaginándola…
S: -Cierto; parece mentira que haya errado en tan elemental asunto.
E: -A tí te iba a herrar yo… en fin. Como te decía, lo cierto es que siendo ella bella y yo hombre, puede surgir en mí el deseo masturbatorio, que es propio de los hombres que no pueden contener en sí su esencia. Y sin embargo, ello me conduce a una duda.
S: -¿Sí?¿Qué duda, Escrotos?
E: -La duda es la siguiente: si yo me masturbo pensando en una mujer cualquiera, mi acto es en sí carente de culpa. Sin embargo, si me masturbo pensando en la que será princesa y luego reina de los salónicos, mi acto es pecaminoso.
S: -¿Por qué, oh sabio?
E: -El motivo es simple: ella será reina, ¿no es cierto?
S: -Sí.
E: -Y el principio que sustenta a la realeza es la elección divina.
S: -Cierto.
E: -Así pues, si me masturbo pensando en la futura princesa, de hecho me masturbo pensando en aquella mujer que ha sido elegida como esposa por el príncipe de Salónica, que a su vez ha sido ungido como tal por su pertenencia ala casa real de Salónica, ungida a su vez por los dioses entre las demás casas de los hombres…
S: -Bueno…
E: -Ni bueno ni ostias, es así. Así que si me toco pensando en ella, de hecho no solo cometo una acto de mal gusto, sino también un acto blasfemo y contrario a las leyes de los dioses.
S: -Hombre, visto así…
E: -¿Y como quieres verlo, lerdo?¿No sabes acaso que tú y yo no somos lo mismo, y que tú eres idiota porque tu madre ya lo era y porque el padre de tu padre se entendía con su prima, y que también ello atenta contra la ley de los dioses?
S: -Pues…
E: -Pues callate de una vez puñetera vez, que ya me aburres…

Diálogos escróticos, Libro V, 433-435a

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