Sonrisas y lágrimas (I)

Letizia
Uno de los miembros fundadores de El Ligre ha renacido de sus cenizas como fénix en el equipo A y nos permite deleitarnos con una perla que realmente vale la pena. El colaborador se apoda Escrotos de Tebas y aquí teneis su artículo:

Por fin, el bienamado heredero de la corona del sacro reino de España, Ceuta y Melilla, el príncipe de Asturias Don Felipe de Borbón, se casa. Todo un acontecimiento a celebrar en esta nuestra noble y castiza tierra de la piel de toro…


Por fin, y sin que sirva de precedente, se nos casa Su Majestad… Todo un evento nacional, internacional, y según se mire, galáctico.

Habrá reyes y reinas, príncipes y princesas, sapos y brujas… habrá canapés de los buenos,sin choped ni paté La Piara, habrá vals y brindis con champán francés, puede que incluso sirvan unos Ferrero Roché (que, como todos sabemos, dan un toque de clase a las fiestas de guardar…).

Y sin embargo, triste figura, no me siento feliz. En primer lugar, porque tengo un grano en una nalga derecha que me lo impide, y en segundo lugar porque, por algún motivo que desconozco, la dicha y el gozo no llenan mi corazón ante la buena nueva que grandes y menudos de los medios de comunicación han voceado a los cuatro vientos.

Qué me ocurre, me pregunto angustiado. ¿Acaso no sufrías ante la posibilidad de que el bueno de Don Felipe decidiera quedarse soltero indefinidamente? ¿Es que no temías, como muchos, que un día el príncipe de los españoles anunciara que prefería la carne al pescado? Por supuesto, como buen español y católico ferviente, éstas eran algunas de mis grandes preocupaciones… Y sin embargo…

Será, tal vez, la plebeya condición de la futura reina. Puede que sea la excesiva cobertura que los medios han dado al acontecimiento. Incluso es posible que sea el precio del tomate verde…
De todos modos, y sin saber el motivo, descubro angustiado mi falta de interés hacia la que posiblemente sea la noticia más importante que nos ha brindado la Real Casa desde que Don Jaime de Marichalar anunció la compra de un tabique nasal de platino para su colección de llaveros.

¡Ah, triste de mí, abandonado a la desdicha de no gozar como el común de los mortales!¡Miserable vida la mía, que no se entusiasma con los arrebatos patrióticos y monárquicos del más bigotudo de los presidentes que España han gobernado!¡Oh, si yo pudiera tan sólo sonreir ante las lágrimas de las porteras, las muecas satisfechas de los débiles mentales o las babosas reverencias de ministros y obispos…!

Y sin embargo, no puedo. Y el grano de mi nalga crece, y la bella plebeya se aloja en el ala de invitados de la castiza choza castellana del heredero de la corona, y Urdazi busca presentadora, y el Rey pide una capital sin obras para que el carruaje pueda llegar a tiempo y no se transforme en calabaza, y José María parece que ríe…

Ah, triste de mí, y yo sin poder sentarme bien.

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